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El Amor: De la vivencia al acto

  • 13 feb 2017
  • 1 Min. de lectura

Hay tres momentos en el desarrollo de un amor maduro: enamoramiento, desilusión y aceptación de la realidad.

En un primer momento, el amado es alguien idealizado, alguien que es perfecto, esplendido y maravilloso, que es capaz de hacer las más intrépidas aventuras con tal de hacer feliz a su amada; Esta endiosado. El amado esta agrandado y en cambio el enamorado se va restando, hasta el punto de no poder entender porque alguien tan perfecto ha puesto su mirada en él.

En un segundo momento, comienzan a percibirse algunas imperfecciones en la persona amada. Se corrobora que ante determinadas situaciones su carácter no es el mejor que en algunas cosas se equivoca, y esos rasgos, que ya estaban pero que el enamoramiento impedía percibir, producen pena y desilusión y así como en el primer momento alguien ya quería casarse y estar junto al otro para toda la vida, en este segundo momento es probable que quiera que se vaya para siempre.

Tercer momento es donde vemos a esa persona como más cierta. Ni tan idealizado ni tan degradado, es alguien con el cual se elige estar por gusto propio y no por un prejuicio de por medio, reconociendo que ese otro tiene virtudes y defectos y que si aun así con esto se acepta estar a su lado pudiéramos hablar de un amor maduro. Porque el preámbulo de esto es reconocer que el otro a pesar de sus carencia y virtudes nos complementa y es la persona con la que se desea estar.

Cierro con una frase del Psicoanalista Francés Jacques Lacan.

"Amar es esencialmente querer ser amado".

Gerardo Treviño

Gabinete de Psicologos Mar Treviño

 
 
 

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